Nunca íbamos a tener una relación a distancia. Esa era la teoría. «Yo no estoy hecha para esto», decíamos. Pero luego la vida te cruza, y te das cuenta de que nadie está hecho para la distancia, pero sí para la persona. Maktub, está escrito. Lo que pasa, pasa porque tenía que pasar.
Cuando vives entre Sevilla y Tenerife, te llueven los consejos. Que por qué no se muda él, que por qué no te vas tú, que cómo lo aguantáis. Te miran con pena y admiración a partes iguales. Y tú sonríes, esquivas la pregunta y sigues a lo tuyo. Porque la respuesta razonable no te sirve.
La Cara B: Lo difícil de una relación a distancia
Porque el amor a distancia tiene dos caras, y nadie te cuenta la B hasta que estás dentro.
Es el cansancio de los aeropuertos. Son las despedidas en la terminal tragando saliva. Son esos días grises donde la pantalla del móvil no abriga, y las noches en las que te acuestas pensando que los kilómetros pesan demasiado. Es luchar contra el tiempo: que juntos se evapora y separados se arrastra. Es darte cuenta de que todo lo que creías saber sobre cómo llevar una relación a distancia, aquí no te sirve de nada.
La Cara A: Por qué funciona el amor a distancia
Es que las ganas te pueden más que cualquier otra cosa. No piensas en el dinero de los billetes ni en las horas de tránsito. Te dejas llevar. Es ese optimismo salvaje que te hace tirar p’alante.
Construir una vida real entre dos lugares no es fácil. ¿Hay momentos de debilidad? Claro. ¿Te replanteas las cosas? A veces. Pero, seamos sinceros, todas las parejas tienen sus complicaciones. Puede ser la distancia, o puede ser que no soportes sus ronquidos. Los problemas existen, te veas a diario o cada dos semanas.
¿Merece la pena tener una pareja a distancia?
Pues claro que merece la pena. Merece la pena por ese temblor de piernas cuando le ves cruzar la puerta de llegadas. Porque le pillas con más ganas. Porque saboreas cada instante y te lo guardas para el vuelo de vuelta.
Está demostrado que en la distancia la confianza es mayor y los vínculos más estrechos. ¿Por qué? Porque te esfuerzas en comunicarte. Cuántas horas nos hemos pasado enviándonos audios eternos de WhatsApp hablando de nada y disfrutándolo tanto. Aprendes a expresar tus sentimientos con palabras, y eso te hace invencible.
A los que dudan, a los que dan consejos para una relación a distancia sin saber: sí, merece la pena. Y si la vida nos diera a elegir, hubiéramos tomado la misma decisión una y otra vez.
Si estás en una relación a distancia, escríbele, mándale un audio, dile lo mucho que le quieres. Te quiero molto, follower. Y que viva el amor, los kilómetros nos dan igual.
¿Y tú? ¿Has vivido alguna vez un amor a distancia? Cuéntanoslo, que te leemos.
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